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CARMELITAS DESACALZAS ALGEZARES MURCIA ESPA?A
VENIMOS AL CARMELO A ORAR POR LA IGLESIA Y EL MUNDO ENTERO

Grupo de Oración

Santa Teresa

 

El Domingo día de fiesta. 

Ambientación

 

   El Domingo, como día de fiesta, responde a una necesidad y verdad antropológica, pues el hombre necesita la fiesta, necesita hacer fiesta en la vida. Siempre fue así y siempre será así. De ahí que el Domingo cristiano, en su dimensión de fiesta, responde a una de las necesidades y anhelos del ser humano. El Domingo, además, enraíza su vocación a la fiesta en un motivo del todo singular: la Pascua de Jesucristo, su triunfo sobre la muerte y su gloriosa resurrección. Celebrar semanalmente el día de la resurrección del Señor, con toda la fuerza que tiene la celebración cristiana como verdadero memorial y presencia del Señor y sus misterios, es algo tan decisivo y tan maravilloso en la vida de la Iglesia y en nuestra vida de creyentes que por nada del mundo podemos perder ni por nada del mundo podemos cambiar. El Domingo es, por otra parte, espacio para la mejor y más honda fraternidad y para la comunión más perfecta. Hablamos, de comunión cristiana y de familia reunida en torno a la mesa del altar; hablamos del gozo de estar juntos y rezar juntos los que somos un solo Pueblo y una sola Familia. Y, hablamos también del gozo de encontrarnos todos en la rnesa familiar, cuando, en el correr de los días apenas si nos podemos ver y cruzar una palabra. El Domingo, que es fiesta y gozo grande, fraternidad y comunión, es al mismo tiempo día de caridad y buenas obras. 

 

Canto al Espíritu Santo

 

EL SEÑOR OS DARA SU ESPIRITU SANTO

YA NO TEMAIS, ABRID EL CORAZON,

DERRAMARA TODO SU AMOR. (2)

 

Él transformará hoy vuestra vida os dará la fuerza

para mar. No perdáis vuestra esperanza, El os salvará.                               

Él transformará todas las penas, como a hijos os acogerá.

Abrid vuestros corazones a la libertad.

                           Salmo 84                           SOLO DIOS BASTA 

¡QUE gozosa es tu amistad, Señor de las maravillas!

¡Cómo haces temblar mi corazón de entusiasmo

cuando me admites en tu presencia, raíz de todo consuelo y ternura!

En tu compañía encuentra su calor más dulce todo cuanto es vivo.

Y en tus altares se ofrece sin cesar el culto de la alegría de vivir.

 

Dichosos los que se dedican en tu presencia a hacer crecer la vida.

Dichosos los que abrasan su existencia terrena en el cuidado

de cuanto has creado, no se perderán en arideces de alma,

ni sus esfuerzos carecerán de la gracia de una renovada creatividad.

 

Sentirán aumentar sus fuerzas más allá de los momentos de crisis,

frustración y fracaso; porque buscaron en ti, fuente de todo lo vivo,

la razón y el estilo de su hacer más fecundo.

 

¡Señor de las maravillas! ¡Dios del que lucha en defensa de la vida!:

Atiende mi deseo; déjame vivir, solamente para enumerar

la hermosura inagotable de cuanto alienta bajo el sol.

Prefiero agotar mi vida en la admiración de una florecilla silvestre,

antes que aumentar el poderío de la técnica

con la que unos hombres se sitúan por encima de otros.

Anhelo mejor ser el centinela atónito de cada amanecer,

que almacenar seguridades para un mañana que permanece ante mí cerrado.

 

Tú sólo, Dios de todo lo visible, alimentas nuestros corazones

con la  pasión por la vida; y nos enseñas a mirar,

con sagrado respeto, las mínimas e insignificantes manifestaciones

de cuanto avanza por el sendero de la vida.

 

¡Origen y Meta de todo cuanto existe! ¡Señor de las maravillas!  

¡Dichosos los que ganan su talla de hombres libres                    

en la colaboración con tu obra de vida en plenitud!            

 

               Silencio y resonancia.   

Lectura del Apóstol San Mateo. (Cap. 5, 1-12)

 

        “Jesús, al ver a toda aquella gente, subió a una montaña, se sentó y sus discípulos se le acercaron. Comenzó a hablar y les enseñaba así: “Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de Dios. Felices los que lloran, porque recibirán consuelo. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia,  porque serán saciados. Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.

Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos  de Dios. Felices los que son perseguidos por causa de] bien, porque de ellos es el Reino de Dios. Felices vosotros cuando por causa mía os maldigan, os persigan y os levanten toda clase de calumnias. Alegraos y mostraos contentos, porque será grande la recompensa que recibiréis en el cielo. Pues bien sabéis que así trataron a los profetas que existieron antes que vosotros.”

 

Silencio meditativo con música.

Edith Stein nos escribe:

 

      “En las Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña

el Señor nos ha indicado la imagen del cristiano perfecto,

hacia la cual ha de tender el hombre en la tierra para ma-

durar para  el  cielo. Y al  inicio ha puesto -como  claro fundamento- la pobreza en el espíritu. El Salvador ha repetido y subrayado insistentemente que la libertad de posesiones externas es aconsejable para  quien quiera alcanzar el reino de los cielos. El reino de los cielos consiste en que, si bien no tienen nada, todo lo poseen. Como hijos de Dios participan de todo lo que pertenece al Padre. Experimentan que nada les falta, que son alimentados como los pájaros del cielo y vestidos como los lirios del campo. Muy bien puede suceder que no sepan de qué van a vivir al día siguiente. Pero son socorridos siempre en el momento oportuno. Y la riqueza del Padre celestial está disponible para ellos, inagotablemente también para los otros. Y de la eterna fuente del amor y la alegría han levantado a innumerables abatidos y les han dado fuerza y alegría.

       El reino de los cielos es, ante todo, la vida en la filiación divina: la certeza embriagadora de estar protegido por una bondad y un amor infinitos e inmutables: el amor del Padre que conoce todas nuestras necesidades y que tiene preparado un remedio para cada una: en quien encontramos consuelo en cualquier sufrimiento cuya misericordia infinita nunca se cansa de perdonarnos lo que hemos hecho mal que nos resarce abundantemente de todo lo que nos hacen los hombres. Experimentar de manera siempre nueva e inesperada esta bondad paterna, ésta es nuestra felicidad en la tierra. Todavía no contemplamos a Dios cara a cara tal como se nos ha prometido. Pero que Él se deja encontrar por aquellos que lo buscan con todo el corazón, esto lo experimentamos ya en esta vida. Aquellos que han vaciado su corazón de todo lo que les puede apartar del

camino hacia el Señor del cielo, de estos se deja conocer cada vez más abundante y profundamente. Él mismo habita en su corazón y lo convierte en su reino. Los que buscan al Señor lo encuentran en todos sus caminos. Pero las almas que han aprendido a retirarse en sí mismas, lo encuentran de la manera más segura en sí mismas. Este camino interior es el camino de todos los místicos. San Agustín invita a ello con las palabras: “No salgas fuera, entra en ti mismo; en el interior del hombre habita la verdad”. (Edith Stein. Obras Completas, V. Meditaciones)                                                                               

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Canto: UBI CARITAS ET AMOR. UBI CARITAS, DEUS IBI EST.

 

PADRENUESTRO.

 

Oración final

         Mi gozo se llama Jesús. Escribo tu nombre en todas las paredes de mi ciudad. Salto de gozo y me alegro contigo, me embriaga tu locura y bailo por las calles de mi ciudad, cuando palpo tu Presencia. Mi gozo me hace vibrar de emoción; me encandila tu Corazón, me entusiasman tus palabras. Mi gozo eres Tú que eres primavera en mi vida y esperanza en mis noches de invierno. Conocerte a Ti ha sido mi gozo diario, las veinticuatro horas más plenas, los minutos más intensos. Mi gozo eres Tú que te acercas a mi vida y la llenas de esperanza

Canto a María.

Tantas cosas en la vida nos ofrecen plenitud.

Y no son más que mentiras

que desgastan la inquietud.

Tú has llenado mi existencia

al quererme de verdad.

Yo quisiera, Madre buena, amarte más.

En silencio escuchabas la palabra de Jesús.

Y la hacías pan de vida meditando en tu

interior. La semilla que ha caído ya germina y

está en flor. Con el corazón en fiesta cantaré.

 

AVE MARÍA, AVE MARÍA. (BIS)